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Miércoles, 16 Enero 2019 20:26

VENERABLE SOLEDAD SANJURJO SANTO

PERFIL BIOGRÁFICO DE LA VENERABLE SOLEDAD SANJURJO SANTOS SIERVA DE MARÍA MINISTRA DE LOS ENFERMOS (1892-1973)

 MADRE SOLEDAD. HOJA INFORMATIVA                                                                                                      

LA IGLESIA RECONOCE LA HEROICIDAD DE SUS VIRTUDES  

Era el 15 de noviembre de 1892 cuando en Arecibo (Puerto Rico), Madre Soledad Sanjurjo Santos, se abría a la vida, siendo la última de los seis hijos del matrimonio formado por don José Sanjurjo González de origen español y de doña María de la Palma Santos del Toro, nacida en San Juan.

Recibió el Bautismo el 3 de abril de 1893, en la hoy Catedral de San Felipe de Arecibo, imponiéndole el nombre de María Consuelo.

Apenas cuenta 6 meses, cuando fallece su padre a la edad de 45 años. La joven viuda se esfuerza en atender a sus hijos, hasta que sucumbe presa de la tuberculosis. Muere el día 10 de julio de 1901, en San Juan cuando cuenta 38 años.

Así, con solo 9 años, María Consuelo no puede contar con el apoyo de sus padres. Y ante la dificultad de hacerse cargo de su educación, los familiares confían esta delicada responsabilidad a una institución religiosa y la internan, junto con su hermana Antonia, en el asilo de Río Piedras "La Protectora" que, regentado por las Siervas de María Ministras de los Enfermos, acoge a niñas huérfanas. Allí pasó María Consuelo, su niñez y adolescencia. El trato asiduo con las religiosas y su alma abierta a todo lo espiritual, hicieron que brotara en ella la vocación a la vida consagrada, siendo admitida en el Instituto como postulante, en la misma Comunidad de Siervas de María de Río Piedras, el 4 de agosto de 1909.

Transcurre el periodo del noviciado en la Casa Madre de la Congregación, en Madrid (España) donde el 31 de mayo de 1911, toma el hábito religioso. En este día María Consuelo, cambia su nombre por el de María Soledad, con el que será conocida como religiosa. El 1 de junio de 1913, emite su profesión temporal y el 17 de diciembre, es destinada a Manzanillo (Cuba) donde transcurre el periodo de la tercera probación, emitiendo sus Votos Perpetuos en Santiago de Cuba con fecha 30 de abril de 1921.

Admiran cuantos la tratan su profunda vida espiritual, prudencia y clara inteligencia, acompañado todo ello de una gran sencillez y humildad a toda prueba. Tras desempeñar diversos cargos en la comunidad, el 18 de agosto de 1939 se le nombra Superiora de la casa de Matanzas (Cuba) y sucesivamente de Manzanillo y de San Juan de Puerto Rico. Tres años más tarde, el 20 de julio de 1950, es nombrada Superiora Provincial de las Antillas, fijando su residencia en la Curia Provincial de La Habana. En este periodo emprendió "la erección de un Noviciado, para las jóvenes vocaciones que iban surgiendo en Antillas. Tras haber transcurrido dos mandatos en el cargo, cesa del mismo el 19 de marzo de 1959, pasando como Superiora, a la Comunidad de San Juan de Puerto Rico.

Gracias a su celo, el Instituto se extendió con las Comunidades de Santo Domingo, Santiago de los Caballeros y La Vega en la República Dominicana. Y se instalan, así mismo Comunidades en Caguas, y Aibonito. Otros tantos Sagrarios que se abrieron en lugar de los que, con gran pena, vio que se cerraban en Cuba.

Tres años más tarde y siempre en San Juan, donde se había trasladado la Curia Provincial de Antillas a causa de la revolución de Cuba, Madre Soledad, el 29 de junio de 1962, pasa de nuevo a desempeñar el cargo de Superiora Provincial.

En este tiempo su salud se deteriora a causa de un infarto de miocardio. En junio de 1966 cesa como Superiora Provincial y es destinada a la comunidad de San Juan donde permanecerá los últimos siete años de su vida: aceptando cada día como don, aportando lo que sencillamente podía aportar, gozosa de hacerlo, sin reservas, cargando de entrega cada labor que lleva a cabo.

Cuando está a punto de culminar su camino, escribirá a la Madre General que pide voluntarias para una fundación en Camerún: "Reverenda Madre, le digo con toda sinceridad que, si tuviera unos años menos y más agilidad en mis piernas, me ofrecería de todo corazón para ir a África, pero tengo que conformarme con los deseos y con ofrecer mis oraciones, a fin de que el Señor bendiga y ayude a las Hermanas que tengan la suerte de ir".

Seguirá en este tenor de vida hasta el momento de su muerte ocasionada por un edema agudo de pulmón a las 10 de la noche, del 23 de abril de 1973. Aquel día era lunes de Pascua. Contaba 80 años de edad y 62 de vida consagrada.

Madre Soledad por ser Sierva de María, vivió un Carisma marcado por el servicio a los que sufren, donde la entrega, para ser auténtica, debe llevar el sello del respeto, la solicitud, el anonimato y el gesto sencillo del que sirve por amor a Cristo y en su nombre a quien siente en sí la fragilidad de la existencia.

Persona de pocas palabras nunca sabre-mos, por confesión personal, la repercusión que el dolor tuvo en su vida, pero sí se descubre en su respuesta, a las situaciones difíciles que tuvo que afrontar en el transcurso de su vida, un rico filón de confianza en Dios y de abandono incondicional en sus manos.

Emprendedora, con grandes iniciativas, sabe vivir con serenidad, buscando siempre la voluntad de Dios en cada circunstancia, ve en las dificultades como un compás de espera para ajustar su hora a la hora del reloj de Dios. Al iniciar sus proyectos, pone todos los medios requeridos para ese fin, después ora y espera serena que llegue el momento señalado por Dios para ella.

Presencia la suya que no busca protagonismo sino que, escondida con Cristo en Dios, trata de pasar desapercibida, pero su presencia siembra la paz en las comunidades que visita y en las que percibe discordias.

En coherencia de vida con lo prometido al Señor, con su actitud más que con sus palabras, y, como responsable de confirmar a sus hermanas, habla con firmeza, cuando ve desvíos en lo esencial de la consagración o en lo genuino del carisma. Fue, una referencia válida para las religiosas que la trataron. Marcó así mismo su trato, la vida de los laicos con los que tuvo que relacionarse y a los que no perdía ocasión de mostrarles los verdaderos valores cristianos.

Su vivencia porque lleva la impronta de la sencillez evangélica, ha resistido la prueba del paso del tiempo y continúa siendo válida, no sólo para las Siervas de María de estos tiempos, sino para los fieles creyentes que ven en la figura sencilla de Madre Soledad Sanjurjo, un valioso aliciente para vivir los valores evangélicos y una referencia cristiana, cercana a ellos en el tiempo.

DE CUANTO GUARDABA EN SU CORAZÓN E ILUMINABA SU AVANZAR POR LA VIDA

“El Señor y su Santísima Madre nos darán la fuerza que en estos momentos nos hace tanta falta”.

“Dios nuestro Señor proveerá, es nuestro Padre y nunca abandona a nadie”.

“No hay cosa que dé más tranquilidad al alma que el dejarse en las manos de Dios sin reserva”.

“Pidamos muy de veras a la Santísima Virgen, nuestra amorosa Madre, sea siempre nuestro consuelo y sostén en las luchas de la vida”

“Que la Virgen me las cubra con su maternal manto”.

“No pierda nunca la esperanza de hacerse santa, con la gracia de Dios todo se puede, a pesar de nuestras miserias”.

“No ha llegado su hora. Hay que esperar a que nuestro reloj se ajuste a la hora de Dios. Se llevará a cabo, pero cuando Dios lo disponga”.

“El Señor te espera aquí, ábrele tu corazón, Él quiere entrar. Él te va hablar”.

“Todo por amor a Dios y todo lo que se hace por Dios se hace bien y por amor”.

“Tantos Sagrarios que se han cerrado cuando salieron nuestras hermanas de Cuba, yo quisiera que se abrieran otros tantos Sagrarios para que Dios sea glorificado, por la salvación de las almas por medio de otras nuevas comunidades”

“Que gloria para una Sierva de María, trabajar allí donde nadie la ve, pero Dios si la ve”.

“Venimos a la vida religiosa para siguiendo el ejemplo de Cristo y de la Virgen, servir”.

“Jesús mío, os amo: perdón y misericordia” éstas fueron las últimas palabras que pronunció y las que sellaron, para siempre, sus labios.