Sábado, 24 Marzo 2018 08:01

Hoja Informativa

            1918 - 2018                                                                                     BEATA MARIA CATALINA    -    “Cien años de incesante intercesión” 

Jesus cántaro

                                             ¡VIVE!Es este el grito que define la Pascua y que sirve de trasfondo al ALELUYA pascual. Es la mejor definición que surge al cruzar-nos en nuestro camino con un cristiano ver-dadero, que con sus palabras y con sus actos testimonia que Cristo Resucitado llena su vida y es en Él que vive, y, es Él quien lo habita.

 Esa significativa exclamación arrancaba a su paso la Beata María Catalina cuando al tratarla, se llegaba a decir: “con ella siempre entraba Dios”.

 En toda su vida supo anonadarse. Su vivir fue un ir muriendo a sí misma, para acoger en ella, la vida verdadera. Cristo iba abarcando todo su ser y la convirtió en cauce de su infinita misericordia.

 Vaciándose de sí misma, fue identificándose con Cristo, haciendo suyas las actitudes y los sentimientos del Señor, trasluciéndolo en sus palabras y gestos de servicio. Su mirada, su visión, se fue   purificando, mirándolo todo bajo el prisma de la voluntad del Padre y, cada circunstancia, cada encuentro, era para ella, una cita con su Señor, descubriéndolo en cada enfermo, en las familias, en   las Hermanas. Pasando, con Él y como Él, haciendo el bien y buscando sanar toda dolencia.

 Identificada con Cristo, en comunión con Él, siempre vivo para interceder por nosotros ante el Padre, se le concedió, aún en vida, arrancar manifiestas gracias, en favor de los enfermos apartados   del Señor y en favor de sus Hermanas, que sabiéndola tan cercana a Cristo, recurrían a ella para pedirle oraciones.

Esa condición de valiosa intercesora, que se le otorgó en vida, sigue vigente, con más fuerza y razón si cabe, ahora cuando su cercanía a Cristo, no sufre limitaciones ni de tiempo ni de espacio. Está en Cristo, para presentarle, cuantas peticiones le encomendamos en el nombre del Señor.

Ya identificada con el Resucitado, podemos decir de ella que VIVE y, con Cristo y por Él, somos conscientes de que estos Cien años que nos separan de su muerte, han sido un tiempo de una incesante intercesión.

Son incontables las gracias que se nos atestigua se han alcanzado al invocar a la Beata María Catalina, en solo este su año jubilar.

Ya se ha hecho proverbial la colaboración de Sor María Catalina, en favor de la vida ya desde sus inicios. Se constata que este cuidado hacia las mujeres deseosas de ser madres, es una de sus protecciones preferidas y que, sus súplicas, son acogidas en el cielo que responde propicio a esta su valiosa intercesión.

Con alegría constatamos que llueven las peticiones de todos los continentes, al mismo tiempo que, sin interrupción, llegan las confirmaciones de gracias concedidas para satisfacción de las familias que consideran a la Beata María Catalina un ángel que Dios puso en su camino.

Protección de la vida desde su inicio hasta su fase final. Nuestras Hermanas de Mar del Plata nos comentan que en la apertura del centenario, para acercar la figura de Sor María Catalina a los fieles y confiarle sus inquietudes más apremiantes, decidieron colocar un poster con su imagen en la puerta de la capilla y, en la entrada de la casa un cuaderno de actas donde poder dejar constancia, quien lo deseara, de la gracia que deseaba alcanzar. Afirman que no faltan los transeúntes que llaman a la puerta, para pedir una estampa con la oración o confiar una necesidad para que se les encomiende.

Así, un buen señor, manifestó su deseo de que se le concediera una Hermana para asistir a su anciana Madre, aunque lo que más le urgía, ante la gravedad de la misma, era que la enferma se reconciliara con Dios y recibiera los sacramentos. “Quiero -decía llorando- que mi Madre vaya al cielo”. Inmediatamente se invocó con fe y unción a la Beata María Catalina, quien en estos casos no tarda en mostrar su valiosa intercesión y, así fue, pues al visitar ese mismo día la Madre a la enferma, ésta no mostró ninguna resistencia a que viniera un sacerdote, el que la confesó y le administró la comunión y la unción de los enfermos, con gran alegría para toda la familia. Continúa nuestra Hermana velando para que los enfermos, experimenten antes de su partida, ese abrazo del Padre, rico en misericordia, que nos fortalece con su cercanía y nos espera con amor infinito, ya que desea que todos los hombres se salven.

Que nuestra Beata María Catalina, nos alcance el ser como Ella: “capacidad incon-dicional para acoger a ese nuestro Dios, que ansía dársenos sin medida”

GRACIA OBTENIDA

“Siempre a favor de la vida”

Queremos dejar constancia en estas líneas de una gracia que nos llega de nuestras Hermanas de Quezon City - Filipinas, quienes nos manifiestan:

“Se nos presentó en la clínica una joven mamá con un embarazo a término, pero necesitada de una intervención quirúrgica.

El doctor de guardia, al ver el sonograma que le presentaron, se quedó perplejo, pues, en la joven madre se había desarrollado un tumor desde la concepción del niño. Ante lo delicado del caso, se vio la conveniencia de que fuera al hospital y esperara allí el parto, para que después, se la sometiera a la correspondiente intervención.

La Hermana que estaba en la clínica, al oir lo delicado del caso, le habló a la joven de la Beata María Catalina, quien en este año tan especial y sabiendo su amor hacia los niños, los iba a ayudar a los dos. Y allí mismo la invocaron pidiendo su intercesión y comprometiéndose a seguir rezando.

Pasó el tiempo y la Hermana mantenía comunicación con la familia, quienes se mostraban confiados y no tardaron en ver cumplidas sus esperanzas, pues, el niño nació sin necesidad de recurrir a una cesárea y al repetir los exámenes prescritos para la intervención, se constató que el tumor había desaparecido.

Tanto la madre como el niño, evolucionan sin ningún problema y la familia bendice al Señor por esta gracia que atribuyen a la eficaz intercesión de nuestra Beata María Catalina.

ORACIÓN Para obtener del Señor gracias por la intercesión de la Beata María Catalina.

Señor Jesús, médico de las almas y de los cuerpos que llamaste a Sor María Catalina a consagrarse a ti como Sierva de María para que, entregada al servicio de los enfermos fuera para ellos presencia de tu amor que fortalece y sana.

Concédenos esa unión contigo que llenó y movió toda su vida y, alcánzanos por su intercesión la gracia que hoy te pedimos para tu mayor gloria

3 Gloria al Padre.

(Con licencia eclesiástica)

Nota:

            Para envío de relaciones de gracias, de ofertas, etc., dirigirse a un convento de las Religiosas Siervas de María Ministras de los Enfermos o a la siguiente dirección:

Curia General

Serve di Maria

Via Antonio Musa, 16

00161 Roma –Italia.