Martes, 16 Octubre 2018 07:40

Clausura del Año Centenario, 1918 – 2018

De la Muerte de la Beata María Catalina
 
 Hemos visto a una mujer singular resurgir luminosa al reflejo de su propia luz, comprobando que se hacía cada vez más brillante a medida que se acercaba a la Luz que saca de las tinieblas la claridad sin ocaso. Esta mujer luminosa es Sor María Catalina, de la que queremos hablar para compartir su irradiación. La Luz sin ocaso es Jesús.
 
¿Cuál ha sido la ocasión que pone en lo alto la luz para que brille? 
 
1Catalina clausura
 
La conmemoración del Año Centenario de la muerte de Sor María Catalina, inspiró en comunidades y Hermanas novedosas iniciativas, que nos han puesto a profundizar en el conocimiento de su persona y la santidad de su vida. Afortunadamente, mientras el estudio de sus virtudes ha sido tema de reflexión compartida entre las hermanas y tema de catequesis en los ambientes en que se desarrolla la misión con los enfermos, las familias y los jóvenes, se ha incrementado la oración de intercesión por muchos enfermos, implorando de la bondad del Señor la curación y el aumento de las gracias que más les ayude en su enfermedad.
 
Ya recogemos el fruto de tener un mayor conocimiento de Sor María Catalina a nivel personal, congregacional y eclesial, pues son muchas las Hermanas que se refieren a ella como a persona de la que pueden decir muchas cosas, porque la han descubierto en sus escritos y a través de lo que han contado de ella sus contemporáneos. También hemos acogido el deseo de la Iglesia al proponer su vida ejemplar como modelo de persona que ha llegado a la más alta configuración con Cristo. 
Comprendiendo el propósito de la Iglesia al reconocer la ejemplaridad de su vida, de darla a conocer para edificación de los fieles y consuelo de los que sufren a causa de los múltiples padecimientos que acarrean las pruebas de la vida, nuestras acciones para extender su irradiación benéfica a un mayor número de personas y llegar a mas lugares, cada vez cuenta con más recursos de difusión, como literatura, hoja periódica informativa, oración, estudio y obras de misericordia. Y es muy bueno que esté sucediendo así, pues toda su vida es eco del esplendor de Cristo que hace resplandecer en sí misma su evangelio de amor y de misericordia.
 
Nos parece que tenemos algo que recomendar a los buscadores de felicidad. Entre ellos, a los jóvenes que andan buscando modelos a seguir. Se sienten atraídos a imitar personas que viviendo como vivieron gustaron el sabor dulce  de la felicidad, porque aceptaron el reto que les puso por delante la vida y fueron más fuertes que las mismas adversidades. Tuvieron la audacia de sacarle utilidad a los sinsabores de la vida, que le llegan de por sí por tantas vías.  Dándose al ejercicio de hacer el bien a quien lo necesite, gustar la autenticidad de las palabras de Jesús cuando dice, que hay más alegría en dar que en recibir. Estos que dieron con la clave de ser felices y dar felicidad, quisieron ponerse a prueba para saber por propia experiencia si es verdad lo que pondera la promesa de que hay más felicidad en darse a los demás en una entrega de amor desinteresada que en los placeres que ofrece el mundo.
 
Sor Maria Catalina es una de estas personas que merecen ser conocidas, admiradas e imitadas.  Una persona que una vez descubierta se hace tan simpática, que ya se le quiere tener cerca, ir a su lado, porque en lo que ofrecen sus palabras y sus ejemplos no hay trampa ni fraude, ni vanas promesas de felicidad, sino el modo de vivir sin fingimiento, la única ruta por donde se encuentra la paz en la tierra y se consigue la salvación eterna. Sor María Catalina ha encontrado el tesoro escondido y lo ha vendido todo para adquirirlo. Es digna de ser estudiada, consultada, tenerla de instructora y dejarse aconsejar de ella, pues quien ha visto la Luz nos puede conducir hacia ella. Quien ha conocido el Amor, puede indicarnos las huellas marcadas en el sendero por donde escalar hasta alcanzarlo.
Celebración Eucarística del Acto de Clausura
 
4Catalina clausura
 
Convocó al lugar sagrado de la basílica Santa María la Mayor en Roma, a un grupo de personas de fe, vinculadas en afectos a las Siervas de María Ministras de los Enfermos, que quisieron celebrar con el acto litúrgico de la santa misa, en la capilla María salud del Pueblo Romano,  la acción de gracias por los cien años de la muerte de la Beata María Catalina Irigoyen.
 
Entre ellos hacemos mención de Su Eminencia el Cardenal Santos Abril, que presidió la celebración, acompañado de otros nueve sacerdotes concelebrantes allegados a la Congregación; actuando como maestro de ceremonia, el sacerdote Don Salvador Aguilera.
 
Asistieron Madre Alfonsa Bellido, Superiora General y su Consejo, un destacado grupo de Siervas de María de la comunidad de Roma, que además de aportar el fervor personal que les embargaba, tomaron participación destacada en la preparación de la celebración, lecturas, preces y coral. Se sumaron además numerosos fieles amigos, bienhechores y turistas que atraídos por la figura de Sor María Catalina se unieron a la celebración.
 
Con tal ocasión, Madre General expresó el sentir de la Congregación, por el regalo que Dios hizo a la humanidad en Sor María Catalina y por el amor de correspondencia con que ella a su vez hizo brillar el rostro de Dios ante sus Hermanas de Congregación y los enfermos que asistió con su caridad, y ante toda la cristiandad tras su beatificacion el 29 de octubre de 2011.
 
He aqui en las palabras de Madre Alfonsa el eco de gratitud de todas las Siervas de María por su Hermana beata en proceso de canonización: 
 
3Catalina clausura
 

Hermanos GRACIAS por estar aquí, participando en esta Eucaristía.

Decir GRACIAS, es abrir de par en par las puertas del alma, para alabar a Dios por todas las bendiciones que Él nos ha concedido.

Y hoy las Siervas de María, de todo el mundo, damos gracias a Dios por el Don de la Beata María Catalina a la Iglesia, a nuestra Congregación. Gracias porque por la vivencia fiel y gozosa de su consagración, fue y sigue siendo, una referencia evangélica válida para las Siervas de María y para los creyentes de todos los tiempos. Gracias porque a los Cien Años de su muerte, podemos decir que su intercesión en nuestro favor es incesante y valiosa, constatando que, en cada circunstancia, nos alcanza esa gracia que nos fortalece en nuestras fragilidades y sana nuestras dolencias.

Gracias a la Iglesia que, como Madre solícita, ha tenido a bien otorgarnos la gracia de la Indulgencia plenaria a cuantos celebramos la memoria de la Beata María Catalina, y en estos días, del 10 al 14 de octubre, a cuantos visiten una capilla de las Siervas de María.

Gracias hoy, de manera especial, a Su Eminencia el Cardenal Santos Abril, por presidir esta Eucaristía, en la que nuestro GRACIAS, ha alcanzado la mejor y máxima expresión en la comunión con Cristo, “Buen Samaritano”, cuyas huellas Sor María Catalina quiso y supo seguir, siempre desde la Escuela del servicio de Santa María Salud de los Enfermos.

Gracias a Su Eminencia el Cardenal Stanislaw Rylko, Arcipreste de esta Basílica de Santa María la Mayor, por favorecernos con el enmarque de esta significativa capilla, para esta entrañable celebración y a esta hora, en la que se cumplen los Cien Años de la partida al cielo de la Beata María Catalina.

Gracias a todos Ustedes: Sacerdotes, Religiosos, Religiosas, fieles, Hermanos y Amigos, todos, de las Siervas de María, con cuya presencia y cercanía nos sentimos muy honradas.

Que, a todos la Beata María Catalina y Santa María Soledad, cuya fiesta mañana celebraremos, nos concedan ser bálsamo de la misericordia de Cristo, que quiere pasar entre los que sufren, haciendo el bien y curando toda dolencia.

Que nuestra Señora “Salus Populi Romani”, ponga en nuestras vidas, su amor de Madre, para ser testigos del Señor, en esta Iglesia que peregrina en Roma, presidida y guiada por el Papa Francisco, en estos momentos tan especiales del Sínodo de los Jóvenes.

En nombre de todas las Siervas de María “Gracias, mil gracias y que el Señor los bendiga, a Ustedes y a todos los suyos”.

 

Terminada la celebración, se puso a disposición de los numerosos fieles que visitan la basílica, libros, folletos y estampas con la oración de intercesión en distintos idiomas.
Queda en el ánimo de todos los participantes, el grato recuerdo de una mujer consagrada, Hermana nuestra, amiga de todos, apóstol de los enfermos y las familias, que como bautizada y consagrada Sierva de María nos ofrece a todos la pista segura para subir a la cima más alta, la santidad.

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