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Siervas de Maria

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Beata

BEATIFICACIÓN DE SOR MARÍA CATALINA IRIGOYEN ECHEGARAY

Eran las 4 y media de la tarde del 10 de octubre de 1918, Sor María Catalina acababa de dejar esta morada terrena para ir al cielo. Las Hermanas de la Casa Madre que se levantaban para asistir no necesitaban que les confirmaran la noticia de su muerte, el suave perfume a nardos que emanaba de su cuerpo, se esparcía por toda la casa.

Una merecida fama de santidad había envuelto la vida toda de Sor María Catalina. Su oración había alcanzado un gran número de gracias aún cuando vivía y en el momento mismo de su muerte, algunas Hermanas experimentaron la fuerza sanadora de su intercesión.

En vistas a introducir un proceso sobre las virtudes y santidad de tan admirada Hermana, se tomaron inmediatamente las medidas oportunas para conservar sus pocas pertenencias personales que Sor María Catalina tenía. Se tomaron así mismo medidas muy significativas como el reproducir en una mascarilla su rostro y depositar su cuerpo en una sencilla caja de cinc a modo de valioso relicario que se inhumó en tumba aparte del Panteón de las Hermanas en el cementerio de nuestra Señora de la Almudena de Madrid. Se procede así mismo a recoger los testimonios de quienes de cerca se habían relacionado con ella.

Sopesado todo el material recogido, se juzgó conveniente iniciar su causa de canonización vibrando toda la Congregación con las fechas que iban señalando un avance en el Proceso, al mismo tiempo que se profundiza en el conocimiento de la vida y virtudes de Sor María Desposorios, como era conocida por sus contemporáneas con varias biografías: Una publicada en 1935 por el Apostolado de la Prensa en Madrid y elaborada por el Padre Guillermo Ubillos, sobrino jesuita de nuestra Hermana y cuya causa también está introducida. La titulada “Solo sirvo para servir” que tiene como autor al Padre Primitivo Zabaleta, editada por el Secretariado Trinitario, Salamanca, 1977. Y la presentada también en 1977 por Studium Ediciones del Padre Valeriano Ordóñez, S.I. “Con ella entraba Dios”.

Así cabe destacar como fechas a tener en cuenta en este proceso:

  • 15 de enero 1944 tiene lugar en la Capilla del Obispado de Madrid-Alcalá la apertura del Proceso Informativo Diocesano, celebrándose la primera sesión el 18 de enero en la Casa Madre de las Siervas de María en Chamberí por haber sido la residencia habitual de Sor María Catalina, prosiguiendo las sesiones los martes y sábados.
  • El 29 de mayo de 1944, se efectúa el traslado de los restos del cementerio de nuestra Señora de la Almudena al muro lateral de la Iglesia de la Casa Madre.
  • El 5 de julio de 1945, se clausura el Proceso Informativo Diocesano en la Capilla del Obispado, tramitándose a continuación en la Casa Madre los Procesos de Escritos y de “no culto”, para enviar todo el material a la Santa Sede.
  • El 30 de enero de 1962, la entonces Congregación de Ritos, aprueba dichos Procesos.
  • El 14 de febrero de 1962, Su Santidad Juan XXIII firma la introducción de la Causa de Beatificación y Canonización.
  • El 21 de febrero de 1963, se inicia el Proceso Apostólico en la Capilla del Obispado de Madrid. Declaran sobre las Virtudes de nuestra Hermana 29 testigos y el 28 de noviembre de 1963 tiene lugar el reconocimiento de los restos de Sor María Catalina, como parte de dicho Proceso que se clausurará el 18 de enero de 1964.
  • El 30 de marzo de 1981, tras detallado estudio de toda la documentación, Juan Pablo II promulgó el Decreto de la heroicidad de sus Virtudes de Sor María Catalina por el que, la hasta entonces “Sierva de Dios” pasó a ser reconocida como Venerable.

Fue éste un paso muy importante e imprescindible en el avanzar hacia la meta de los altares a la que todas deseábamos ardientemente llegara nuestra querida Hermana. En este momento de forma muy especial, cada una estábamos llamadas a aportar cuanto estuviera de nuestra parte para dar a conocer a Sor María Catalina y sobre todo propagar su devoción con el fin de arrancar, por su intercesión, un milagro que nos acercara a la Beatificación.

Se trabajó con ahínco. Se obtuvieron numerosas y considerables gracias, pero no siempre se conseguía tener acceso a la documentación clínica requerida en estos casos para un minucioso estudio científico. Lo importante era que nuestros deseos no se apagaban y que la intercesión de Sor María Catalina se manifestaba cada vez más intensa, se sentía como que la hora de Dios se aproximaba.