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Jueves, 16 Enero 2020 20:51

15 de enero 2020 – el paso del Señor

Venerable Soledad Sanjurjo Santos

Madre Soledad Sanjurjo cuadro original paint

en el pincel de Raúl Berzosa

El paso del Señor es así: toques, pinceladas, detalles. No hace ruido, pero se puede afirmar, cuando estamos atentos a su cercanía: “es el Señor quien acaba de pasar”.

Hacía unos días que habíamos llevado a encuadrar la pintura que Raúl Berzosa, distinguido pintor malagueño, había diseñado sobre Madre Soledad Sanjurjo Santos, cuando se nos avisó, el 14 de enero, que cuando pudiéramos pasáramos a recoger el cuadro: un diseño de  65x50 cms.   en el que aparece el busto de nuestra Venerable, con rostro sereno y mirada segura, como Quién sabe de quien se ha fiado.

A su espalda nos podemos imaginar la amplia Bahía portorriqueña, con desafiantes horizontes misioneros que fueron constantes retos en la vida de la Madre. Tiene como fondo la Ciudad de San Juan, destacando en el extremo derecho, nuestra Casa de Fortaleza, 1, donde Madre Soledad vivió los últimos años de su vida y donde descansan sus restos.

Sí, esta apreciada obra nos la entregaron el día 15, un detalle del Señor, pues rememorábamos en este 15 de enero de 2020, el primer aniversario de la autorización, por parte del Papa Francisco, para que se promulgara el Decreto en el que, oficialmente se reconoce que Madre Soledad Sanjurjo, vivió las Virtudes cristianas en grado heroico; por lo que se le reconoce como Venerable.

El cuadro hacía su entrada en Vía Antonio Musa, 16, justo en el momento en que la campana claustral convocaba al refectorio. Estando presentes Madre Alfonsa Bellido, el Consejo General y comunidad en pleno, el hecho dio al momento la especial connotación de fraterna alegría, celebrándolo juntas en el compartir del pan, con aplausos y comentarios de gozosas memorias.

A ella le encomendamos su Puerto Rico natal, tan hermoso como acogedor, bueno y comprometido, que, en las últimas fechas, ha vivido sobrecogido por los continuos temblores que agitan esta zona caribeña. A ella, tan reconciliadora le encomendamos la paz en Camerún y tantas necesidades como nos rodean, seguras de que siempre nos escucha e intercede en nuestro favor y con la esperanza de verla pronto en los Altares.