Este sitio o las herramientas de terceros utilizadas por este sitio web utilizan cookies necesarias para el funcionamiento y útiles para los fines descritos en la política de cookies. Al hacer clic en el botón  "entiendo " usted acepta utilizar cookies.

Siervas de Maria

bANNER

siervasweb

siervasweb

Lunes, 12 Marzo 2018 08:46

Ministerio

Actividades apostólicas

   MISION

 

1. Actividad Apostólica: Asistencia esencialmente enfermerística, aunque también hay hermanas con títulos de comadronas, laboratorio, anestesia, ecografías, etc. La actividad apostólica se ejerce:

- Diurna y nocturna a enfermos en sus domicilios
- En Visitas domiciliarias
- En Hospitales, en Clínicas, ya sea a particulares como en plantas

- Hospicios
- En Dispensarios
- En Casas de Reposo
- Centros de Salud
- Centros de "AIDS" SIDA
- Residencias de Ancianos
- Residencias Sacerdotales
- Enfermerías de Religiosos(as)

2.- Ubicación por Naciones de cada actividad apostólica:

Italia: Asistencia enfermerística diurna y nocturna a enfermos en sus domicilios, en Visitas domiciliarias, a particulares en Hospitales y Clínicas, en Dispensarios, Residencia Sacerdotal y Enfermerías.

España: Asistencia enfermerística diurna y nocturna a enfermos en sus domicilios, en Visitas domiciliarias, en Hospitales y Clínicas, en Dispensarios y Casas de Reposo, en Enfermerías, Residencia Sacerdotal y otras Residencias, en Centros de "AIDS" SIDA.

Francia: Asistencia nocturna y diurna a enfermos en sus domicilios, en Visitas domiciliarias, en Clínicas, en Dispensarios con cuidados paliativos en fase terminal de cáncer y "AIDS" SIDA a domicilio.

- Inglaterra: Asistencia nocturna y diurna a enfermos en sus domicilios, en Visitas domiciliarias, en Residencias.

Portugal: Asistencia enfermerística diurna y nocturna a enfermos en sus domicilios, en Visitas domiciliarias, a particulares en Hospitales y Clínicas.

Puerto Rico, República Dominicana, Cuba y Haití: Asistencia enfermerística diurna y nocturna a enfermos en sus domicilios, en Visitas domiciliarias, a particulares en Hospitales y Clínicas, en Dispensarios y Ambulatorios, en Centros de "AIDS" SIDA y una Residencia de personas convalecientes.

Estados Unidos: Asistencia enfermerística diurna y nocturna a enfermos en sus domicilios, en Visitas domiciliarias, a particulares en Hospitales y Clínicas, en Dispensarios, en un Hospital para personas convalecientes en Newbury Park y visitas diurnas a los sacerdotes enfermos en Los Ángeles.

México: Asistencia enfermerística diurna y nocturna a enfermos en sus domicilios, en Visitas domiciliarias, a particulares en Hospitales y Clínicas, en Dispensarios y a un Centro de Misión en la zona índigena de Juquila y un hospital en San Isidro Huayapam.

Argentina, Brasil, Perú y Uruguay: Asistencia enfermerística diurna y nocturna a enfermos en sus domicilios, en Visitas domiciliarias, a particulares en Hospitales y Clínicas, en Dispensarios.

Bolivia: Asistencia enfermerística diurna y nocturna a enfermos en sus domicilios, en Visitas domiciliarias, en Hospitales, Hospicio y Dispensarios.

Colombia, Costa Rica, Ecuador y Panamá: Asistencia enfermerística diurna y nocturna a enfermos en sus domicilios,Visitadomiciliarias, a particulares en Hospitales, Clínicas y en una Residencia Sacerdotal.

Camerún (Africa): Asistencia enfermerística en Centros de Salud, Dispensario, en visitas a domicilio.

Filipinas: Asistencia enfermerística en Dispensarios, Clínicas y visitas a domicilio.

Lunes, 12 Marzo 2018 08:43

Beata

BEATIFICACIÓN DE SOR MARÍA CATALINA IRIGOYEN ECHEGARAY

Eran las 4 y media de la tarde del 10 de octubre de 1918, Sor María Catalina acababa de dejar esta morada terrena para ir al cielo. Las Hermanas de la Casa Madre que se levantaban para asistir no necesitaban que les confirmaran la noticia de su muerte, el suave perfume a nardos que emanaba de su cuerpo, se esparcía por toda la casa.

Una merecida fama de santidad había envuelto la vida toda de Sor María Catalina. Su oración había alcanzado un gran número de gracias aún cuando vivía y en el momento mismo de su muerte, algunas Hermanas experimentaron la fuerza sanadora de su intercesión.

En vistas a introducir un proceso sobre las virtudes y santidad de tan admirada Hermana, se tomaron inmediatamente las medidas oportunas para conservar sus pocas pertenencias personales que Sor María Catalina tenía. Se tomaron así mismo medidas muy significativas como el reproducir en una mascarilla su rostro y depositar su cuerpo en una sencilla caja de cinc a modo de valioso relicario que se inhumó en tumba aparte del Panteón de las Hermanas en el cementerio de nuestra Señora de la Almudena de Madrid. Se procede así mismo a recoger los testimonios de quienes de cerca se habían relacionado con ella.

Sopesado todo el material recogido, se juzgó conveniente iniciar su causa de canonización vibrando toda la Congregación con las fechas que iban señalando un avance en el Proceso, al mismo tiempo que se profundiza en el conocimiento de la vida y virtudes de Sor María Desposorios, como era conocida por sus contemporáneas con varias biografías: Una publicada en 1935 por el Apostolado de la Prensa en Madrid y elaborada por el Padre Guillermo Ubillos, sobrino jesuita de nuestra Hermana y cuya causa también está introducida. La titulada “Solo sirvo para servir” que tiene como autor al Padre Primitivo Zabaleta, editada por el Secretariado Trinitario, Salamanca, 1977. Y la presentada también en 1977 por Studium Ediciones del Padre Valeriano Ordóñez, S.I. “Con ella entraba Dios”.

Así cabe destacar como fechas a tener en cuenta en este proceso:

  • 15 de enero 1944 tiene lugar en la Capilla del Obispado de Madrid-Alcalá la apertura del Proceso Informativo Diocesano, celebrándose la primera sesión el 18 de enero en la Casa Madre de las Siervas de María en Chamberí por haber sido la residencia habitual de Sor María Catalina, prosiguiendo las sesiones los martes y sábados.
  • El 29 de mayo de 1944, se efectúa el traslado de los restos del cementerio de nuestra Señora de la Almudena al muro lateral de la Iglesia de la Casa Madre.
  • El 5 de julio de 1945, se clausura el Proceso Informativo Diocesano en la Capilla del Obispado, tramitándose a continuación en la Casa Madre los Procesos de Escritos y de “no culto”, para enviar todo el material a la Santa Sede.
  • El 30 de enero de 1962, la entonces Congregación de Ritos, aprueba dichos Procesos.
  • El 14 de febrero de 1962, Su Santidad Juan XXIII firma la introducción de la Causa de Beatificación y Canonización.
  • El 21 de febrero de 1963, se inicia el Proceso Apostólico en la Capilla del Obispado de Madrid. Declaran sobre las Virtudes de nuestra Hermana 29 testigos y el 28 de noviembre de 1963 tiene lugar el reconocimiento de los restos de Sor María Catalina, como parte de dicho Proceso que se clausurará el 18 de enero de 1964.
  • El 30 de marzo de 1981, tras detallado estudio de toda la documentación, Juan Pablo II promulgó el Decreto de la heroicidad de sus Virtudes de Sor María Catalina por el que, la hasta entonces “Sierva de Dios” pasó a ser reconocida como Venerable.

Fue éste un paso muy importante e imprescindible en el avanzar hacia la meta de los altares a la que todas deseábamos ardientemente llegara nuestra querida Hermana. En este momento de forma muy especial, cada una estábamos llamadas a aportar cuanto estuviera de nuestra parte para dar a conocer a Sor María Catalina y sobre todo propagar su devoción con el fin de arrancar, por su intercesión, un milagro que nos acercara a la Beatificación.

Se trabajó con ahínco. Se obtuvieron numerosas y considerables gracias, pero no siempre se conseguía tener acceso a la documentación clínica requerida en estos casos para un minucioso estudio científico. Lo importante era que nuestros deseos no se apagaban y que la intercesión de Sor María Catalina se manifestaba cada vez más intensa, se sentía como que la hora de Dios se aproximaba.

Datos Biográficos

Pintura Soledad Sanjurjo estampa

Nace Madre Soledad Sanjurjo Santos en Arecibo (Puerto Rico), el 15 de noviembre de 1892, siendo la sexta de los hijos del matrimonio formado por don José Sanjurjo González, oriundo de Galicia (España) y de doña María de la Palma Santos del Toro, joven puertorriqueña de San Juan.

Recibe el Bautismo el 3 de abril de 1893, en la Parroquia de San Felipe Apóstol de Arecibo, "hoy Catedral de San Felipe". Se le impone el nombre de María Consuelo.

La paz que reinaba en el hogar de los Sanjurjo Santos, se vio pronto alterada por una gran e irremplazable pérdida. A la edad de 45 años fallece Don José Sanjurjo, María Consuelo apenas cuenta 6 meses.

La joven viuda se esfuerza en atender a sus hijos hasta que la tuberculosis hace presa en ella y, sólo cuenta 38 años cuando sucumbe ante la enfermedad el día 10 de julio de 1901, en San Juan, P.R.

No había cumplido María Consuelo los 9 años, cuando ya no puede contar ni con el cariño ni con el apoyo de sus padres. Los familiares la internan en un asilo de  niñas huérfanas denominado "La Protectora", asilo que fue regido ya en sus comienzos por las Siervas de María. Allí pasó María Consuelo, su niñez y adolescencia.

El roce de María Consuelo con las Siervas de María y su espíritu abierto a todo lo espiritual, hicieron que pronto brotara en ella la vocación religiosa, siendo   admitida, el 4 de agosto de 1909, como postulante en la misma Comunidad de las Siervas de María de Río Piedras, a la que tan ligada estaba a su vida.

Al no contar la Congregación con un Noviciado en las Antillas, María Consuelo se traslada al que el Instituto tiene en la Casa Madre, en Madrid. El 31 de mayo   de  1911, toma el hábito religioso. En este día cambia su nombre por el de María Soledad, con el que será conocida como religiosa Sierva de María. Dos años   más tarde, 1 de junio de 1913, emite su profesión temporal y, de nuevo en Antillas, tiene lugar su profesión perpetua en Santiago de Cuba con fecha, 30 de abril   de 1921.

Admirando cuantos la tratan sus dotes de gobierno, prudencia y clara inteligencia, acompañado todo ello de una gran sencillez personal y humildad a toda   prueba, el 18 de agosto de 1939 se le nombra Superiora de la casa de Matanzas y sucesivamente desempeñó el mismo cargo en Manzanillo y San Juan. El 20   de  julio de 1950 es nombrada Superiora Provincial de Antillas, fijando su residencia en La Habana, donde estaba establecida la Curia Provincial.

En este periodo emprendió uno de sus proyectos más acariciado: "la erección de un Noviciado, para las jóvenes vocaciones que iban surgiendo en las Antillas". Gracias a su celo la Congregación se extendió con las Comunidades de Santo Domingo, Santiago de los Caballeros y La Vega en la República Dominicana. Otros tantos Sagrarios que se abrieron en compensación de los que con honda pena tuvo que ver se cerraban en Cuba.

Es reelegida para el mismo cargo de Superiora Provincial el 25 de julio de 1954, cesando el 19 de marzo de 1959 y pasando como Superiora a la Comunidad de San Juan de Puerto Rico. Tres años más tarde y siempre en San Juan, donde se había trasladado la Curia Provincial de Antillas a causa de la revolución de Cuba, Madre Soledad Sanjurjo, el 29 de junio de 1962, pasa de nuevo a desempeñar el cargo de Superiora Provincial. Sufre un infarto de miocardio en 1965, pero recuperada, aún desempeñará esta responsabilidad hasta 1966 en que, libre de toda responsabilidad de gobierno, es destinada a San Juan donde permanecerá hasta su muerte, admirando todo el mundo durante esos sus siete últimos años, su dedicación a las Hermanas, su oración continua, su sencillez y bondad.

Supo envejecer de pie. Aceptando cada día como un nuevo don. Rindiendo al máximo según sus posibilidades. Aportando lo que sencillamente podía aportar, gozosa de hacerlo, sin reservas, cargando de entrega y cariño cada una de las cosas que hacía.

El Señor, a quien ardientemente anhelaba, vino a buscarla el 23 de abril de 1973, eran las diez de la noche de un lunes de Pascua. Muere el olor de santidad. Su Proceso de canonización se inicia en la Catedral de San Juan el 24 de febrero de 2004. Dos días más tarde, sus restos fueron exhumados y descansan en el coro alto de la capilla de las Siervas de María en la Casa de San Juan de Puerto Rico.

 

Lunes, 12 Marzo 2018 08:12

Mártires

Datos Biográficos:

MADRE AURELIA ARAMBARRI FUENTE

      Nació en Vitoria (Álava), el día 23 de Octubre de 1866 y en ese mismo día, fue bautizada en la Parroquia de Santa María de Vitoria, recibiendo el nombre de Clementina. Sus padres fervientes católicos, educaron cristiana y piadosamente a su hija.

Contaba 20 años cuando efectuó su ingreso en nuestro Instituto de Siervas de María, el 23 de Agosto de 1886, en la Casa Madre. Conoció a nuestra Fundadora,

 Santa María Soledad, siendo Ella quien le admitió y de cuyas manos recibió el Santo Hábito, el 14 de Noviembre de 1886. Efectuada su Profesión Temporal el 18 de Diciembre de 1887, fue destinada a Puerto Rico, donde emite su Profesión Perpetua el 18 de Diciembre de 1894. Durante todos estos años, estuvo dedicada de lleno en el ejercicio del cuidado de los enfermos en sus propias casas, destacándose por su esmero y exquisita caridad, y al mismo tiempo que aliviaba sus cuerpos, se interesaba por la salud espiritual de sus almas.

 A los 38 años de edad, es nombrada Superiora de la Comunidad de Guanajuato (México), cargo que ejerció con gran caridad y solicitud, hasta el año 1909 en el que fue destinada para desempeñarlo en la Comunidad de Durango. Pasó con el mismo cargo a la casa de Puebla, donde vivió la terrible Revolución de México. Desde allí dispusieron los Superiores trasladarla a España, en Agosto de 1916, donde le confiaron de nuevo el cargo de Superiora de la casa de Mataró, hasta 1921, pasando asimismo por las de Alcoy y Barbastro, dejando siempre en el desempeño de esta misión, el mismo celo e interés hacia las Hermanas.

 En Octubre de 1929, al ser erigida la Provincia de Madrid, es trasladada a la misma como Consejera Provincial y Superiora de Pozuelo de Alarcón, hasta que en 1934, viendo que sus fuerzas naturales no le permitían seguir en tan delicado cargo, fue trasladada con gran pena por parte de los Superiores, a la enfermería de Madrid, siendo modelo de virtudes para quienes la cuidaban y visitaban. El año 1936, ante el gran peligro que corrían nuestras amadas ancianitas en Madrid, se dispuso el traslado de Madre Aurelia a la casa de Pozuelo de Alarcón, para que gozara de más paz y tranquilidad, aunque los planes de Dios bien se han visto, eran muy diferentes.

 En Julio de 1936, se declaró la guerra civil en España, nuestra casa fue tomada y las Hermanas tuvieron que dispersarse entre las familias conocidas, estando sometidas a una estrecha vigilancia y en absoluta incomunicación las unas de las otras.

Madre Aurelia con otras tres Hermanas más, fue reconocida como religiosa y sin negar en ningún momento su condición de consagrada, fue elegida para el martirio. Es muy probable que Madre Aurelia muriera en la noche del 6 al 7 de Diciembre de 1936 en Aravaca (Madrid).

SOR AURORA LÓPEZ GONZÁLEZ

Sor Aurora nació en San Lorenzo (Madrid), el 28 de Mayo de 1850. Recibió el Sacramento del Bautismo el 30 de Mayo del mismo año poniéndole el nombre de Justa. Dos años más tarde recibió el Sacramento de la Confirmación.

Sus padres la educaron cristianamente desde su niñez. El 20 de Marzo de 1874, ingresó como Postulante en las filas de las Siervas de María, en nuestra casa de El Escorial, pasando al poco tiempo al Noviciado de Madrid, para formarse en él, según nuestras Constituciones. El 14 de Mayo del mismo año vistió el Santo Hábito, cambiando su nombre por el de Sor María Aurora. El 24 de Junio, hizo sus primeros Votos con el fervor que el caso lo requiere y el 2 de Julio de 1897, emitió sus Votos Perpetuos en la Casa Madre.

El año 1885 fue nombrada Superiora de Arévalo. Volvió a Madrid en 1893, luego la destinaron a El Escorial, donde desempeñó el cargo de Consiliaria. Residió también en las Comunidades de Salamanca, Alcalá de Henares, Cabeza del Buey, Jaén, Ciudad Real y por último en Pozuelo de Alarcón.

En su larga vida religiosa, nuestra Hermana se mostró muy amante del Instituto y sacrificada en el ejercicio de los ministerios, en el cuidado de los enfermos en sus domicilios, compartiendo con las jóvenes religiosas, su rica experiencia.

A pesar de su ancianidad, ya que al tiempo de su muerte, era la religiosa más antigua del Instituto (62 años de vida religiosa), era muy fervorosa, le gustaba ser puntual para acudir a los actos de comunidad y recordaba con frecuencia la presencia de Dios. Era trabajadora y muy animada en las recreaciones.

Al llegar los momentos de la prueba, Sor Aurora se amoldó a todo con una docilidad admirable, aunque al quitarse el hábito gruesas lágrimas corrían por sus mejillas. Supo dar prueba en todo momento de serenidad y abandono a los planes del Señor sobre ella.

En Julio de 1936, nuestra casa de Pozuelo de Alarcón fue tomada por los revolucionarios y las Hermanas tuvieron que dispersarse entre las familias conocidas, estando completamente incomunicadas las unas de las otras y sometidas a una estrecha vigilancia.

Sor Aurora, junto con las otras tres Siervas de María, fue reconocida como religiosa y fue escogida para el martirio. Es muy probable que Sor Aurora muriera en la noche del 6 al 7 de Diciembre de 1936, en Aravaca (Madrid).

SOR DARÍA ANDIARENA SAGASETA 

Nació Sor Daría en Donamaría (Navarra), el día 5 de Abril de 1879, recibiendo las Aguas Bautismales al día siguiente, donde le fue impuesto el nombre de Engracia. Sus padres se esmeraron en darle una cristiana educación y muy pronto se vio el fruto de sus desvelos, con la colaboración de la gracia.

A los 23 años, ingresó en el Instituto de las Siervas de María, el 9 de Noviembre de 1902, en la casa de San Sebastián, pasando a los pocos días al Noviciado de Madrid. Recibió el Santo Hábito el 19 de Abril de 1903, emitiendo sus Votos Temporales el 4 de Mayo de 1905, siendo destinada a la casa de Zaragoza, donde permaneció hasta 1910, ejerciendo nuestro hermoso ministerio de caridad junto a los enfermos, con celo e interés. Pasó luego a la casa de Ciudad Real y al año de estar allí, fue trasladada a Madrid emitiendo los Votos Perpetuos el 5 de Mayo de 1913.

No tardó en enfermar de una úlcera de estómago, distinguiéndose durante todo el tiempo que le duró la afección, por su espíritu de humildad y mortificación.

En el año 1922, se le destinó al Noviciado de Madrid con el cargo de Auxiliar, misión que desempeñó con grandísima edificación de todas, siendo un modelo de virtudes para las novicias; la caridad para con éstas era la de una madre, sacrificándose por todas, siempre que la necesidad lo pedía. Esta delicada misión la ejerció por espacio de ocho años, al cabo de los cuales, fue destinada a la casa de Pozuelo de Alarcón, donde desempeñó los cargos de Secretaria Consiliaria en 1932.

En esta Comunidad también fueron visibles y admiradas sus hermosas virtudes, edificando a todas por su porte afable y religioso.

En 1936, fue detenida por los revolucionarios en unión de Madre Aurelia y Sor Aurora. Según la familia que las albergaban fue Sor Daría, quien, al ser objeto de insultos y vejaciones al sospechar que eran Religiosas, afirmó: “Somos, en efecto, Religiosas; pueden hacer lo que quieran de nosotras, pero yo les suplico, que a esta familia no les hagan nada, pues, al vernos sin casa y autorizados por el Comité de Pozuelo, nos recibieron en la suya por caridad”.

Sor Daría fue escogida para el martirio, que tuvo lugar probablemente en la noche del 6 al 7 de Diciembre de 1936 en Aravaca (Madrid).

SOR AGUSTINA PEÑA RODRÍGUEZ

El Señor concedió a Sor Agustina la gracia del martirio en plena juventud. Dichosa ella, que fue hallada digna de tal don. Nació Sor Agustina en el pueblo de Ruanales (Cantabria), el día 23 de Marzo de 1900 y el 25 del mismo mes, fue regenerada con las Aguas Bautismales, imponiéndole el nombre de Anunciación.

Sus padres se esmeraron en darle una educación profundamente cristiana. No tarda en hacerse presente en su vida el dolor. Con la muerte de su madre, conoció pronto las privaciones y el trabajo, que forjaron en ella un espíritu austero, laborioso y sensible a las necesidades de los demás.

Dios la guardaba para sí. El día 14 de Diciembre de 1924, ingresó en el Instituto de las Siervas de María, en nuestra casa de Tudela, pasando después al Noviciado de Madrid. El 4 de Julio de 1925 vistió el Santo Hábito y el 25 de Julio de 1927 emitió los Votos Temporales, ofreciéndose al Señor con todo el fervor de su alma. El 9 de Agosto del mismo año fue destinada a la casa de Pozuelo de Alarcón, para ocuparse en los oficios domésticos, especialmente en el cultivo de la huerta. Para ella, todo se convertía en Capilla, así que en todas partes, se le veía recogida y unida a su Dios, a quien tanto amaba. El día 5 de Julio de 1933 emitió sus Votos Perpetuos en la misma casa de Pozuelo y a los tres años, pasaba a vivirlos en plenitud al cielo.

Sor Agustina se distinguió por su sencillez y fervor; era puntual a los actos de piedad y si le quedaba un tiempo libre entre sus ocupaciones, su predilección era acompañar a Jesús Sacramentado; era constante y ejemplar en su espíritu de mortificación. Tenía verdadero amor al trabajo y sus conversaciones casi siempre versaban sobre cosas espirituales.

Su disponibilidad y entrega no conocieron límites cuando los Superiores le confiaron el cuidado de Madre Aurelia, aceptando este servicio como “sagrado deber”, levantándose por la noche, cuantas veces la enferma la llamara, sin dar nunca la menor señal de contrariedad y haciendo con ella derroches de caridad.

En 1936, al tener que abandonar la casa de Pozuelo de Alarcón, es acogida con otras tres Hermanas en la misma familia, pero los milicianos la obligan a separarse de ellas. Se une a otra familia que huye hacia Las Rozas y allí, sola, es acusada de ser religiosa y de habérsele visto rezar. Su vida de 36 años es coronada con el martirio, el día 5 de Diciembre de 1936.

2013 Cuadro Oriiginal Mártires ALTA RESOLU.

Lunes, 12 Marzo 2018 07:54

Beata

Imagen Beata M Catalina circulo

Lecturas Misa Beata María Catalina Irigoyen Echegaray, virgen , 10 de Octubre

     

 

                                                                                                                                                                                                         

Beata María Catalina Irigoyen Echegaray, virgen

Memoria

         Del Común de vírgenes o del Común de santos y santas

          (para los que se han consagrado a una actividad caritativa).

"Vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino"

Lc. 12, 32 - 34

Oración Colecta

 Dios, Padre de misericordia,

 que llamaste a la Beata María Catalina, virgen,

 a entregar su vida al cuidado de los enfermos,

 concédenos por su intercesión y siguiendo su ejemplo,

 descubrir a tu Hijo y servirlo

 en nuestros hermanos pobres y enfermos.

 Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Corro hacia la meta, hacia el premio al cual Dios

me llama desde arriba en Cristo Jesús

 Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 3, 8-14

         Hermanos:

Todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él, no con una justicia mía, la de la ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe. Todo para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, con la esperanza de llegar a la resurrección de entre los muertos.

No es que ya lo haya conseguido o que ya sea perfecto: yo lo persigo, a ver si lo alcanzo como yo he sido alcanzado por Cristo. Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio. Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, hacia el premio al cual Dios me llama desde arriba en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial          Sal 16 (15), 1b-2a.5a.7-8.11 (R/.: 5a)

R/.El Señor es el lote de mi heredad.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

Yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa. R/.

Bendeciré al Señor que me aconseja,

hasta de noche me instruye internamente.

Tengo siempre presente al Señor,

con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,

me saciarás de gozo en tu presencia,

de alegría perpetua a tu derecha. R/.

Aleluya, Mt 5, 3

Bienaventurados los pobres en el espíritu,

porque de ellos es el reino de los cielos.

EVANGELIO

Vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino

X Lectura del santo evangelio según san Lucas,12, 32-34                              

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

– «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino.

Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni  roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón».

 Palabra del Señor.

 

Lunes, 12 Marzo 2018 07:46

Beata María Catalina

 

CAUCE DE LA MISERICORDIA DIVINA

“SED MISERICORDIOSOS COMO VUESTRO PADRE CELESTIAL ES MISERICORDIOSO” LC. 6,36

 

    Es el 2016 un Año consagrado a la Divina Misericordia. Un Año en el que se nos invita a profundizar en este atributo divino que debe ir impregnando nuestra vocación, siempre en camino para alcanzar, en la medida de lo humano, el ser “como el Padre Misericordioso”.

   Un atributo que busca cauce en tantos y tantos Carismas que el Espíritu Santo suscita en su Iglesia, pero que nunca llegarán a agotar la infinita misericordia divina que sólo anhela cubrir las más profundas carencias del hombre, peregrino hacia la Patria, pero tan desorientado en su camino.

    Fue la Beata María Catalina un alma profundamente enamorada de la Eucaristía, donde el amor de Dios, llega hasta el extremo.

   La Eucaristía será siempre el hilo conductor de su vida, el motor de su existencia, la gran atracción para su corazón. Su servicio, su entrega, todo se explica y se comprende desde este su amor a la Eucaristía. Su actitud ante el Señor sacramentado llamaba la atención: Una joven de Pamplona, Librada García, contaba que conoció a María Catalina, un día que entró en la Catedral de Pamplona: La encontró a las seis de la mañana oyendo Misa, con un fervor tal, que quedó profundamente impresionada y no pudo por menos que preguntar a su acompañante quien era aquella joven. Y en la misma catedral a un señor se le oyó comentar al ver esta su actitud: "Yo creí que los ángeles estaban en el cielo".

    Desde la luz que irradia sobre su alma, la adoración de la Eucaristía y la contemplación de la Virgen e impulsada por su deseo de vivir como lo hiciera María, va descubriendo nuevas necesidades en su entorno ante las que no permanece inactiva, siendo cauce de la misericordia divina: socorre a los pobres con limosnas. Confecciona ella misma ropas para los pobres, y organiza a sus expensas un grupo de jóvenes compañeras que acuden al hogar de los Irigoyen-Echegaray para poner remedio a todas las carencias que  descubren y de las que les llega noticia. Y si quienes le ayudan en este trabajo sufren también alguna necesidad, María Catalina les retribuye con generosidad.

    No le falta en el hogar familiar un dilatado campo para darse sin medida. La Familia es amplia pues la componen: Juan Pedro Alejandrino, de 30 años; Norberto de 24 y María Catalina que cuenta con 22. A ellos se suman, doña Mercedes Irigoyen ya de edad avanzada, hermana de su padre y un hermano de la madre, "el tío José Luis" subnormal profundo y una figura querida por todos. En la familia. María Catalina se desvive por cada uno.

    Cuantos la tratan quedan prendados de su bondad, su carácter firme y suave al mismo tiempo, su constancia y su tenacidad. Aparece siempre como "sin penas, alegre y con ánimo fuerte, dispuesta a acoger a todos para  ayudarlos en cuanto esté de su mano".

   Tiene tiempo para todos y, a pesar de lo que supone la atención a los suyos, siempre está dispuesta para visitar el Hospital y con delicadeza y decisión lleva a su casa la ropa de los enfermos y allí la lava y repara en cuanto necesita. Pero, lo más admirable en ella es esa sencillez con la que realiza las cosas “hacía todo con tal naturalidad que apenas te apercibías de su humildad” dice una de las testigos.

    Ya Sierva de Maria, Sor María Catalina se acercaba a los enfermos convencida de que, es el amor el que sana las heridas más profundas de la persona. Su presencia infundía fortaleza, seguridad, deseos de seguir luchando para continuar viviendo. Permanecía junto al enfermo: lo cuidaba, lo servía y oraba por él.

    Se agiganta su entrega cuando con los brotes de epidemias, todas las energías son pocas para afrontar la dolorosa situación, como durante el terrible flagelo de la gripe de 1890, que volvió a convertir en hospitales los innumerables hogares madrileños en los que se adentraba esta enfermedad.

    Recuerdan los testigos como, Sor María Catalina asistía a una familia vecina donde a la gripe, se unía el hambre y la miseria. La Madre mandaba alimentos a las hermanas, pero el destinado a Sor María Catalina, ella se lo quitaba de la boca para dárselo aquella pobre gente. Tanto que la misma familia creyó deber avisar a la Superiora, porque temían por la salud de la hermana”.

    Su presencia era como una luz que en la noche más obscura hacía presagiar la claridad de un nuevo día. Para ella la enfermedad era como el trampolín para dar el gran salto del dolor, frío y desestabilizador, convirtiéndolo en ocasión de encuentro con el Señor. Se podía decir de ella que se desvivía porque la cruz del dolor no llegara a abrumar al enfermo, impidiéndole vivir esa cita de amor con el Padre que en cada enfermedad se encierra.

    Se sentía feliz de servir así: En la noche, en la pobreza, en la entrega, en el sacrificio más oculto.   Cristo, imagen de la Misericordia del Padre, era su riqueza y su programa de vida y sólo buscaba servirlo en los enfermos.

GRACIA OBTENIDA

Esta vez es un médico que desde Cádiz, nos relata su experiencia:

    “Mi hijo de 34 años, que trabaja conmigo en el hospital como internista, comenzó con unas adenopatías (ganglios inflamados en el cuello) a las que sus compañeros médicos no dieron mayor importancia pensando que se debían a una infección banal.

     No obstante él, como no se resolvían, decidió solicitar una ecografía que dio como resultado dos nódulos tiroideos de aspecto tumoral. Se hizo una punción biopsia y los correspondientes estudios de laboratorio.

     Los médicos estaban preocupados pues mi hijo era conocido y estimado por todos. Un técnico de laboratorio que trabaja conmigo, al ver mi angustia, sacó de su cartera una estam-pa de Sor María Catalina y me la entregó diciéndome: ‘tenga, pídale, le puede ayudar’.

   Soy creyente. Le pedí con todas mis fuerzas y comencé una novena. Puedo decir que sentí la protección del cielo, pues mi hijo fue sometido a una intervención quirúrgica y el pronóstico de vida es muy esperanzador y con muy buena calidad de vida, pudiendo realizar su trabajo con normalidad”.

    “Desde esta experiencia, pude ayudar a un compañero que sufrió un accidente cerebral, ingresando en la UCI, con alteración motora y sin poder hablar. Me acordé de Sor María Catalina y pedí con fuerza su ayuda.

   Parece increíble, pero entre el tercer y cuarto día, comenzó a emitir palabras y recuperar movilidad. Hoy está muy bien y sin secuelas”. Concluye nuestro testigo:

    “La estampa que recibí, no saldrá de mi cartera nunca. A Sor María Catalina mi total reconocimiento por su valiosa y eficaz intercesión ante el Señor”.

ORACIÓN

Para obtener del Señor gracias por la intercesión de la Beata María Catalina.

Señor Jesús, médico de las almas y de los cuerpos que llamaste   a Sor María Catalina a consagrarse a ti como Sierva de María para que, entregada al servicio de los enfermos fuera para ellos presencia de tu amor que fortalece y sana. Concédenos esa unión contigo que llenó y movió toda su vida y, alcánzanos por su intercesión la gracia que hoy te pedimos para tu mayor gloria.

 3 Gloria  al Padre.                                                                                              (Con licencia eclesiástica)

Nota:

            Para envío de relaciones de gracias, de ofertas, etc., dirigirse a un convento de las Religiosas Siervas de María Ministras de los Enfermos o a la siguiente dirección:

Curia General

Serve di Maria

Via Antonio Musa, 16

     00161 Roma –Italia

DOS INSIGNES COLABORADORES

 Junto a Madre Soledad, desde el inicio de la Congregación y en la consolidación de la misma, juegan un papel primordial dos insignes sacerdotes:

 Padre Gabino Sánchez Cortés

8 P. Gabino

 

 

                                                                                                                                                                                                                               

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  • Nació en Ibdes, Zaragoza, el 18 de Febrero de 1810. Vistió el hábito de Agustino Recoleto en Alagón cuando contaba 16 años. En 1835 se vio obligado a huir del claustro por revueltas revolucionarias.
  • El 15 de Noviembre de 1856, ante la insistencia del Emmo. Cardenal Bonel y Orbe, se hace cargo de la Congregación. Establece a Madre Soledad en el puesto de Superiora General, en Madrid.
  • Enérgico, prudente y de gran experiencia de vida religiosa, supo vitalizar el Instituto tanto espiritual como económicamente.
  • Con Madre Soledad, elabora un Reglamento para organizar la vida de las Siervas de María. En 1857 es nombrado Capellán de las Agustinas Recoletas del Monasterio de la Encarnación. Confía al P. Ángel la dirección de las Siervas, pero mantiene hasta 1888, el cargo de Director de las mismas.

 Padre Ángel Barra Pardos

9 P.Angel

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nació en Used, Zaragoza, el 3 de Septiembre de 1809. Profesó como Agustino Recoleto el 18 de Febrero de 1830. El 27 de Septiembre de 1858 es nombrado Administrador y Director inmediato de las Siervas de María en Madrid. En este cargo, dio pruebas de experto timonel, conduciendo a las Siervas por los mejores mares, durante 23 años.

  • Consagró todas sus dotes, sus facultades y su existencia a la consolidación, aumento y esplendor del Instituto. Empleó su peculio en comprar para las Siervas, la casa de la Calle de Arango y trabajó lo indecible para que se construyera la Casa Madre en Madrid.
  • Instaladas ya en Chamberí, murió como un santo el 26 de Mayo de 1884, rodeado de las Siervas con quienes por espacio de tantos años se había identificado y quienes lloraron su pérdida como la de un padre.
  •  De él dijo Madre Soledad: "En el corazón de todas nosotras vive y vivirá siempre la memoria del amoroso Padre de nuestra Congregación".  (Tomado del estudio histórico de, Juan Antonio Zugasti, La Madre Soledad Torres Acosta, Salamanca, 1978, pág. 301).
Jueves, 08 Marzo 2018 16:06

INICIADOR DE LA CONGREGACION

     Don Miguel Martínez y Sanz, iniciador del Instituto y director del mismo de 1851 a 1856, del que ya se ha hecho mención.

 

 

PENDIENTE COMPLETAR

Jueves, 08 Marzo 2018 15:58

María soledad es santa

SU GLORIFICACIÓN

 Fue su existencia una expresión tan clara y real de los valores evangélicos, que para cuantos caminaron a su lado no había duda de que habían vivido junto a una santa. Así lo reconocía la gente de la calle que, con su fina sensibilidad para captar los verdaderos valores, ya la llamaba "la madre de los pobres". Lo reconocían sin lugar a dudas las Siervas de María que guardaban en su corazón el recuerdo de su amor incondicional el que seguía siendo presencia y estímulo de fidelidad al Carisma que Madre Soledad les había legado.

Esta convicción se vio poderosamente avalada con ese poder de intercesión que se hacía patente entre sus hijas y entre los enfermos que ellas asistían. Una protección especial que se constata viva y presente en nuestros días. Como activo y vigoroso podemos decir que se mantiene el influjo de sus escritos que parecen conservados para dar respuesta a las inquietudes de nuestro tiempo y referirse personalmente a quienes gozamos la gracia de tenerlos entre las manos.

            Es el 5 de febrero de 1950, cuando Su Santidad Pío XII declara Beata a Madre Soledad. Pablo VI, el 25 de enero de 1970 la canoniza, con lo que Santa María Soledad Torres Acosta es presentada al Pueblo de Dios como modelo de seguimiento a Cristo y como referencia de vida para sus hijas, llamadas a continuar en la Iglesia el Carisma que ella recibió y la espiritualidad que impregnó su talante cristiano de fundadora de las Siervas de María Ministras de los Enfermos.

39 Canonización Roma 1970

Jueves, 08 Marzo 2018 15:58

Datos Históricos

 

SANTA MARÍA SOLEDAD TORRES ACOSTA 

RESPUESTA Y CERCANÍA DE DIOS AL HOMBRE QUE SUFRE

 

 Dios quiso iluminar el misterio del hombre y dentro de él, el gran misterio del dolor en la existencia de cada persona, para ello nos envió a su Hijo único quien, haciéndose uno con nosotros, asumió nuestra debilidad. Su nombre es Emmanuel, que significa "Dios con nosotros" vino a habitar entre nosotros para acompañar nuestros sufrimientos e iluminar nuestras tinieblas.

A través del tiempo Dios sigue depositando su luz, la luz de Cristo, en lámparas de barro, personas frágiles y sencillas, para que desde el servicio evangélico, sigan alumbran-do la noche del dolor de los hombres.

Corría el año 1826, cuando el amor de Dios se hacía luz en la vida de una mujer, designada para abrir caminos nuevos en la Iglesia, en orden a hacer manifiesto el amor de Dios a los enfermos. Ella también se llamaba Manuela. Abrazó el dolor de sus hermanos y cambió su nombre por el de Soledad, porque como María y con Ella, junto a la Cruz de Jesús, aprendió a penetrar en el misterio del dolor de los hombres que sólo en Cristo y desde Él, alcanza su sentido hondo y profundo y quiso, siempre con María, permanecer al pie de cada cruz donde los hombres sufren, para acompañarlos y hacer del dolor y de la muerte una ofrenda, presagio de la vida sin fin.

Porque el Señor la llamaba para ser Sierva, revistió su vida de sencillez ya desde los albores. Sus padres, Manuel Torres y Antonia Acosta, se habían instalado en una humilde casa de la calle de la Flor Baja, en Madrid y allí, el 2 de diciembre de 1826, nació la segunda de sus hijos, Manuela a la que seguirían, llenando de gozo el cristiano hogar, otros tres hermanos más.

En ese barrio que cobija con su manto la Virgen de la Soledad, Manuela es bautizada en la Parroquia de San Martín dos días después de su nacimiento, recibiendo con la filiación divina los nombres de Bibiana Antonia Manuela.

En ese su barrio crecerá, abierta sin condiciones al hacer de Dios en su vida, fijando sus ojos limpios de adolescente en la mirada de la Virgen de la Soledad y aprendiendo desde Ella a salir al paso de las necesidades de quienes viven en su entorno. Gestos siempre sencillos van manifestando la grandeza y generosidad de su corazón que la lleva a darse a los demás sin reservas: acoge a los niños y los entretiene el tiempo en el que sus madres deben acudir al trabajo, les enseña a rezar y les imparte catequesis. Busca una ocupación con el fin sostener la situación económica de la familia. Estudia, trabaja y ora, pero sobre todo vive pendiente de lo que el Señor tenga a bien manifestarle sobre el destino de su vida, que ella desea consagrársela sin reservas.

Cuenta 25 años cuando llama a las puertas del convento de las Dominicas, de la Plaza de Santo Domingo, cercano a su casa, que le resulta tan familiar… allí se venera el lienzo de la Virgen de la Soledad, ante el que tantas Ave Marías ha desgranado y ante el que ha ido forjando sus anhelos de ser, como María, toda para el Señor. Se admite su solicitud, pero tendrá que esperar hasta que en el convento se haga una vacante.

La espera se hace larga arrancando de su corazón la más confiada plegaria: "Señor si la tardanza en abrirme las puertas de vuestra casa es para probar mi constancia, esperaré, pero si es que queréis otra cosa, mostradme vuestra santa voluntad" y Dios que siempre se le mostró cercano, porque ella lo descubría con su mirada limpia en todo el acontecer de su vida, no tardó en manifestarle lo que de ella esperaba: le llega la noticia de que en otro barrio de Madrid, Don Miguel Martínez, Párroco de la Iglesia de Chamberí, proyecta organizar una asociación que con el nombre de Siervas de María y bajo la protección de la Virgen de los Dolores se dedique al cuidado de los enfermos, preferentemente en sus domicilios.

            Presenta Manuela a Don Miguel sus deseos de incorporarse a la naciente obra y Don Miguel la admite para completar con ella las siete candidatas que ha fijado para iniciar la obra el 15 de agosto, ateniéndose así, en lo posible, al esquema de fundación de los siete Siervos de María, de cuya orden se profesa terciario. Es el año 1851, y en ese día de la Asunción de Nuestra Señora, Manuela pasará a llamarse María Soledad.

            Como Superiora de la naciente Institución es nombrada María de la Providencia, las otras seis se dedican sin reservas al cumplimiento de su delicada misión. Son los años escondidos de Madre Soledad, es el tiempo en el que el Espíritu va moldeando su alma. Libre de toda responsabilidad de gobierno, se entrega por entero al servicio de los enfermos. Su paso por los hogares que visita, deja huella por su abnegación, su entrega, sencillez y su espíritu de sacrificio. Día tras día va descubriendo la grandeza de la misión a la que ha sido llamada, con la que se identifica plenamente y a la que ama sin reservas.

            Por ser la más joven y la última de las asociadas, permanece en el anonimato, dedicada a descubrir en el rostro de cada enfermo, los rasgos de Cristo sufriente y a cuidarlo como Cristo se merece. Se hace así experta en el respeto y en el amor hacia quienes Dios va poniendo en su camino.

            Pequeña de estatura, sencilla y humilde, como destinada a servir al hombre que sufre, es toda ella escucha, acogida, silencio y servicio. Como María de quien se confiesa Sierva, guarda todo en su corazón y ora buscando la respuesta y el gesto que conforta y sostiene, mientras que en su espíritu, siempre dócil, se va esculpiendo el talante y el perfil que constituyen a la Sierva de María. Cinco años de recio y silencioso aprendizaje que la autorizan como Maestra y guía de la naciente Institución.

         La misión es tan hermosa como nueva en la Iglesia pero, al Fundador le falta la experiencia sobre la organización que la vida conventual lleva consigo y las candidatas carecen de esa formación tan necesaria para mantenerse en el nuevo género de vida que han iniciado, no todas están curtidas en las dificultades que una fundación conlleva. Así es como las privaciones, la escasez material de los principios y las duras horas de trabajo dedicadas a la atención de los enfermos, aca-barán con la resistencia de las seis primeras Siervas de María que figuraban como iniciadoras. A los cinco años de la Fundación sólo la más joven, María Soledad, permanece fiel y segura en el nuevo camino iniciado.

            María Soledad, sola, porque hasta el Fundador, dejará de lado lo que con tanta ilusión había iniciado, sintiéndose llamado a evangelizar las tierras africanas de Guinea, no sin antes embarcar en la misma empresa misionera a doce de las Siervas que constituyen la parte más activa de la Congregación.

            Es grande la fe de Madre Soledad y no pasan desapercibidas ante Don Miguel las profundas virtudes que posee, por eso ante su disponibilidad para engrosar el número de la expedición misionera, con visión profética, le recomendará: "quédate aquí Soledad, que si te vas la Fundación perece".

            Con temple recio y espíritu firme, supo sobreponerse a las mayores dificultades, sortear graves peligros, sufrir no pocas humillaciones, emprender grandes empresas, todo para sacar a flote el naciente Instituto a punto de naufragar, sabiendo que en ello estaba en juego la gloria de Dios y un gran bien para la Iglesia. Ella cree firmemente en el futuro: "La Congregación es obra de Dios. No, no puede morir, Dios mismo abrirá puertas de claridad… vendrán tiempos mejores". Y llora y reza mientras resiste con santa terquedad: "Seamos las últimas piedras que se desmoronen de este edificio".

            Sólo su inquebrantable confianza en Dios, sus ininterrumpidas plegarias, su ternura más que maternal, su celo y desvelo por custodiar a aquellas que el mismo Señor le había confiado como Hermanas e Hijas, fueron capaces de aunar voluntades desalojando de ellas rencillas, tensiones y desalientos. Se le encomendó una gran y delicada responsabilidad al ponerla al frente de la Congregación, y la asumió con sencillez y humildad, convencida de su pequeñez pero, con la firme resolución de no tambalear ni volverse atrás. Era Dios el que llevaba en esta obra las riendas y ella llegaría hasta donde Dios quisiera llegar en su afán miseri-cordioso e infinito de aliviar el océano inmenso del dolor humano. Su exquisita caridad la llevó a entregarse, sin reserva alguna. En ella, humildad y trabajo se funden en la única y misma realidad, la caridad.

            El año 1867, el Instituto recibe el Decreto de alabanza. A partir de este mo-mento comienza una intensa e ininterrumpida acción fundacional, tan rica y fecunda que al llegar al final de su vida, cansada pero gozosa, deja a la Congregación con el repleto bagaje de 41 Comunidades, que no se limitan sólo a la Península española, sino que se extienden allende los mares, en un afán misionero imparable y que no conoce fronteras, razas ni condición social.

            El Padre Minguella, OAR, gran conocedor de Madre Soledad, nos describe así su perfil de Fundadora y su temple recio de mujer de fe: "Su confianza en Dios era ilimitada y gracias a esta confianza, llevó a término fundaciones que, por las circunstancias de los tiempos, la carencia de todo recurso y la oposición que a veces surgía de parte de las mismas autoridades, hubiesen arredrado a quien estribara en la prudencia humana, a quien no hubiera sido Madre Soledad".

            Desde esta fe inquebrantable Madre Soledad llevó a cabo la fundación de Valencia en plena revolución, siendo los primeros asistidos los heridos que se desangraban en la barricadas y a donde las encaminó el presidente revolucionario al percatarse que era la caridad sin distinciones políticas ni sociales, la que movía a aquella sencilla mujer que solicitaba un permiso de fundación.

            Tampoco puso freno a sus deseos el hospedaje que el Obispo de Almería, Don José Orberá, les dio a su llegada en el cementerio de la ciudad. Porque nunca para ella la muerte tuvo la última palabra. Allí se estableció y pronto, en el barrio de Belén, brotó la esperanza y surgió la luz y la vida a raudales.

            Madrid entero será su casa cuando en el verano de 1885, se hace presente el cólera morbo y, conforme la epidemia se propaga, así se dilata la acción caritativa de las Siervas de María. Ni tiene límites el contagio ni conoce enmarques geográficos la caridad, ni se tienen en cuenta los horarios de des-canso mientras la epidemia no se detenga. Se multiplican las solicitudes desde Valencia, Zaragoza, Cádiz, Almería, Alsasua, Tarifa. Madre Soledad pone en primera fila a sus hijas y se despliega tanta generosidad y valentía para atender a los afectados que humanamente más no se puede esperar. Las instrucciones que en estas circunstancias da a las Superioras de las casas en caso de presentarse en la población el cólera, son un modelo de buen sentido y de libertad de espíritu: al lado de los consejos prácticos sobre alimentos, síntomas y medicación, dice a las Siervas que obren con energía y caridad, supeditando las Reglas a la urgencia de estos casos.

            En los meses de junio y julio la situación se agrava de tal forma que es imposible responder a tantas peticiones. Madre Soledad llora sintiéndose impotente para cubrir tanta necesidad. Las hermanas renuncian a dormir por ir de casa en casa. La Madre vacía el convento de ropas, alimentos y hasta del escaso dinero que les queda. Pone una especie de retén por la noche. Sobre colchones, en la portería, dormía ella y cuatro hermanas para atender los casos de urgencia que se presen-taban y allí descansaban las que llegaban a deshora… todo para ganar tiempo a la devastación que el cólera sin descanso sembraba… todo para poner un signo de amor en tanta angustia y desolación.

           La seguían sin condiciones, las Siervas de María, porque cuando la Madre pre-sentaba una iniciativa, siempre la veían en primera fila, entregada como la que más.

Vivía Madre Soledad con sublime sencillez estas grandes empresas, pero, vivía incansable y con la misma entrega los pequeños detalles de la vida comunitaria: pendiente de lo que cada hermana pudiera necesitar. Atenta al momento en el que salían de casa a cuidar a los enfermos, solícita por suministrar desde su pobreza, aquello que era una carencia en el enfermo y su familia. Vigilante en el momento en el que las Hermanas volvían a casa para abrirles ella misma la puerta, atender a sus necesidades, escuchar sus preocupaciones y mirar por su descanso… Cuantos la conocían admiraban su entrega y ese su saber pasar desapercibida, siendo sólo su acendrada caridad la que la distinguía entre todas sus hijas. En su vivir diario, había un algo de sobrehumano, de sencillamente divino, era como el reflejo de Jesús manso y humilde de corazón; como si la misericordia y la cercanía de Dios llenaran su vida y se desbordaran en su trato.

            Era el mes de septiembre de 1887, Madre Soledad presiente que su fin está ya cercano. No es la enfermedad física la que deteriora su salud. Había mantenido día tras día una lucha titánica para hacer frente a un sin fin de obstáculos, siempre en Cristo y desde Cristo, guiada por esa certeza personal que tantas veces le hacen manifestar en sus cartas: "Dejen su obra en manos del Buen Jesús, Él sabe sacar aceite y miel de las peñas más duras". "Todo lo hace Dios, no tengan pena por nada, pues Dios que cuida de las aves del campo; mejor, mucho mejor cuidará de sus Siervas"… Su confianza en Dios y su firmeza de voluntad, han acrecentado sus fuerzas y han dado una amplitud infinita a su horizonte, pero su frágil constitución comienza a resentirse y en su correspondencia de mayo de 1887, deja entrever que no se encuentra bien. Sus despedidas son todas muy perecidas: "No puedo más por hoy, pues tengo bastante cansancio y el pulso está algo mediano". "Sin tiempo ni ganas para más, por estar unos días delicada… no puedo más". "No puedo más por hoy, hija mía en el Señor, tengo el pulso que no puedo continuar".

            Cae rota pero, tan acostumbrada está a la lucha que, ni ella misma se puede creer que su actividad tenga que detenerse. Se negaba a darse por vencida y reconciliarse con aquel pobre jergón de paja a ras de tierra en su celda, que sabía más de sus horas de vigilia que de sus cortos ratos de descanso.

El 28 de septiembre se le manifiesta una fiebre alta, acompañada de gran fatiga y dificultad respiratoria que le obligan a acostarse. Aún intenta Madre Soledad, por tres veces, levantarse para contestar unas cartas que tiene pendientes; la última vez está tan postrada que para alcanzar la cama tiene que ser ayudada por las hermanas.

El día 3 de octubre ella misma pide los sacramentos. El viático desea recibirlo a hora intempestiva, a fin de que no se apuren sus hijas y se le administra a las tres de la mañana del día cuatro.

Es el 10 de octubre cuando toda la Comunidad pasa a besar la mano en señal de despedida. Madre Soledad, grabando con una mirada detenida el rostro y el alma de cada una de sus hijas presentes, les dice: "Hijas mías, les pido que se tengan mucha caridad fraterna y que guarden bien las santas reglas".

Según se acerca el final se la ve como sumida en oración. Al amanecer del día 11 entra en agonía, pero se conserva lúcida; no dice nada si no se le pregunta: recogida, abandonada y alerta. Confiada porque toda su vida ha sido un hacer frente a la muerte, sabiendo que ésta es un paso hacía la vida.

            Son las 9 de la mañana del día 11 de octubre de 1887, cuando expira con rostro apacible y hasta risueño. Su vida se redujo a 61 años, cargados de sencillez, amor y valentía, pendiente de decir siempre SI a Dios, convencida de que nunca se le iba a pedir nada superior a sus fuerzas y de que en cualquier propuesta, Dios iba siempre delante abriendo caminos. Sí, su vida fue un derroche de audacia y entrega, como es toda vida que ha experimentado que Dios nunca se deja vencer en generosidad porque nos sigue amando hasta el extremo.

Página 8 de 10